
Le acaban de dar el Pritzker a Zumtho. Pocas veces el aplauso del mundillo profesional ha sido tan unánime. Sospechosamente unánime diría yo. Me explico. Vaya por delante que es indudable la calidad de su producción. Sus escasísimas obras son una delicia para los sentidos. Cuidadas hasta sus más nimios detalles, con la precisión y esmero que el artesano suizo lleva dentro, nos recuerdan aquellos tiempos en los que la arquitectura era un oficio lento y manual.
(ver atículo original...)