
La llaman caja y la llaman mágica. Vayamos por partes. Caja, desde luego lo es. Un paralelepípedo perfecto. Dominique Perrault adora los volúmenes geométricos elementales, rotundos y claros. Entiende la arquitectura como el difícil ejercicio casi matemático de encajar el complejo programa que se le plantee en una envolvente platónica extremadamente simple. Esta elemental operación, en manos de un virtuoso como Perrault consigue en muchos casos resultados muy notables. Para ello, deben concurrir varias situaciones.
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